
Por — Raúl Raful
La designación de Ito Bisonó como canciller no debe leerse únicamente como un cambio de ministro. Puede representar el giro que necesitaba la política exterior dominicana para reconectarse con el nuevo Washington y con el nuevo momento político del hemisferio.
La diferencia fundamental está en el interlocutor.
to Bisonó no llega a la Cancillería como un desconocido para los sectores conservadores de Estados Unidos y América Latina. Su trayectoria política, sus posiciones en favor de la libertad económica y su cercanía con espacios de pensamiento y liderazgo de esa corriente le han permitido construir relaciones que ahora pueden convertirse en un activo diplomático.
La mejor prueba de ese capital político está en las felicitaciones que recibió inmediatamente después de su designación. Entre ellas figura la del ministro de Relaciones Exteriores de Israel, Gideon Sa’ar, así como las de figuras latinoamericanas identificadas con la defensa de la democracia y la libertad, como María Corina Machado, Tuto Quiroga, Andrés Pastrana e Iván Duque.
No son simples mensajes protocolarios. Revelan que Ito ya tiene interlocución y reconocimiento en sectores políticos que hoy tienen un peso creciente en la conversación hemisférica.
Ese capital adquiere especial importancia en el actual escenario: Donald Trump en la Casa Blanca; Marco Rubio al frente de la diplomacia estadounidense; y Leah Campos como embajadora en Santo Domingo, una diplomática que ha hecho de la libertad de expresión, la democracia y la seguridad pilares de su agenda.
Washington está enviando señales claras sobre sus prioridades en el hemisferio. Para la República Dominicana, profundamente vinculada a Estados Unidos por razones económicas, comerciales, migratorias y de seguridad, comprender ese nuevo escenario no es una cuestión ideológica: es una necesidad estratégica.
Y hay otro cambio que no puede ignorarse. Las viejas estructuras de influencia también han perdido peso. La extinta USAID ya no representa el actor que durante años fue dentro de determinados espacios de la política regional, mientras organizaciones y sectores de la sociedad civil que tuvieron una enorme capacidad de incidencia deben ahora operar en un escenario político diferente.
Eso significa que la conversación sobre la política exterior dominicana ya no puede seguir girando alrededor de los mismos interlocutores, las mismas agendas ni los mismos consensos de hace una década.
Ahí puede estar el verdadero valor de Ito: ser un puente entre Santo Domingo, el nuevo Washington y los gobiernos que representan esta nueva corriente democrática y conservadora del hemisferio.
No para subordinar a la República Dominicana a Estados Unidos, sino para hacer que nuestros intereses sean entendidos y defendidos ante quienes toman las decisiones.
Durante años, nuestra política exterior pareció quedar atrapada en un lenguaje progresista y en agendas ideológicas que no siempre estuvieron conectadas con la realidad política del hemisferio. Mientras Washington cambiaba de rumbo, aquí persistía una visión cada vez más distante de las nuevas prioridades estadounidenses.
Ahora existe la oportunidad de sustituir el activismo ideológico por estrategia y la diplomacia de la ambigüedad por una política exterior consciente de sus alianzas naturales.
Y esos intereses pasan por fortalecer nuestra relación con Estados Unidos, profundizar la cooperación en seguridad y migración, defender la democracia y la libertad de expresión, y estrechar vínculos con las democracias del hemisferio.
Trump, Milei, Bukele, Noboa y Keiko Fujimori representan una nueva realidad política regional que la República Dominicana no debería mirar desde afuera. Ito Bisonó, por su perfil y sus vínculos con estos sectores, puede ser el puente para que Santo Domingo vuelva a ocupar un lugar natural dentro de esa nueva realidad hemisférica.
La puerta está abierta.
Ahora toca saber entrar.
